Bernardo Fontaine, analizó los resultados de la elección presidencial del domingo pasado, en la que se impuso el abanderado del Partido Republicano, José Antonio Kast.
Según su análisis, Kast logró imponerse a Jeannette Jara en las comunas populares, recuperando con ello el arraigo de la derecha en estos sectores y desplazando a la izquierda, que —de acuerdo con Fontaine— habría quedado confinada principalmente a los sectores medios acomodados.
Este fenómeno electoral, señala el ensayista, replica lo ocurrido en el plebiscito del primer proceso constitucional. La clave de este movimiento radica en que la derecha ha logrado sintonizar con la fragilidad y la sensación de inseguridad que atraviesa a una gran mayoría de la ciudadanía, especialmente en los sectores más vulnerables.
“Kast, amigo, el pueblo está contigo” fue uno de los gritos más repetidos por quienes se congregaron en las cercanías de la sede del Partido Republicano la noche del triunfo del nuevo presidente. La consigna encierra —aunque quizás no de manera consciente— un significado político profundo: resume el escenario que deja esta elección, en la que se consolida el arraigo de la derecha en los sectores populares, mientras la izquierda más dura refuerza su base en los sectores medios de mejor situación económica.
El cuadro, sostiene Fontaine, es similar al observado en el plebiscito del Apruebo y el Rechazo del primer borrador constitucional, texto que contenía gran parte del ideario de la izquierda y que fue mayoritariamente respaldado por los sectores medios altos, pero rechazado por los sectores populares. Esta nueva izquierda del siglo XXI —surgida desde la crítica a la Concertación, con una narrativa refundacional del país y una fuerte adhesión a banderas identitarias— habría quedado circunscrita a un segmento específico de la sociedad.
Desde esta perspectiva, Fontaine sostiene que el Partido Republicano y José Antonio Kast lograron concretar uno de los objetivos históricos del pensamiento gremialista, asociado a Jaime Guzmán: disputar el respaldo de los sectores populares a la izquierda y al comunismo. Los resultados de este domingo, afirma, así lo evidencian.
Como ejemplo, el ensayista cita datos de la Región del Maule. Las cinco comunas con mayores índices de pobreza —Colbún, Longaví, Licantén, Retiro y Hualañé— muestran un claro predominio de Kast. En Colbún, el candidato republicano obtuvo más del doble de los votos de Jara; en Longaví, cerca del triple; en Licantén, casi el doble; en Retiro, más del triple; y en Hualañé, una diferencia cercana a los 19 puntos porcentuales. En la mayoría de estas comunas, Kast no solo superó a Jara, sino que además redujo de manera significativa la brecha respecto de la elección presidencial de 2021.
Respecto de las razones de este cambio en el respaldo electoral, Fontaine sostiene que no se trata de un fenómeno aislado. Situaciones similares se han observado recientemente en Estados Unidos, Argentina y otros países. A su juicio, la izquierda ha dejado de sintonizar con las principales preocupaciones de la ciudadanía, enfocándose en una élite más acomodada y menos expuesta a la inseguridad cotidiana, mientras que la derecha ha logrado conectar con la fragilidad económica y la inseguridad que afectan a los sectores populares.
En materia de seguridad, Fontaine critica que Jara planteara la regularización de inmigrantes ilegales y que arrastrara —según su análisis— una dificultad estructural de la izquierda dura para enfrentar el crimen con toda la fuerza de la ley. En ese contexto, afirma que propuestas como levantar el secreto bancario no logran conectar con quienes viven a diario la delincuencia y el narcotráfico en sus barrios.
En el ámbito económico, señala que la candidatura de Jara se centró en el aumento del salario mínimo, cuando —a su juicio— la experiencia cotidiana muestra que la prioridad es dinamizar la economía para generar más empleo y permitir alzas sostenibles de los sueldos. Medidas distintas, sostiene, terminan precarizando la vida de los trabajadores.
Finalmente, Fontaine plantea que el desafío hacia adelante es recuperar el orden y la seguridad, y consolidar un modelo que permita a Chile volver a ser un país generador de trabajo y oportunidades para las futuras generaciones. Solo así —concluye— la derecha podrá seguir sintonizando con los dolores y las angustias de los sectores más postergados de la sociedad en los próximos años.




