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Invasión a Ucrania y el futuro de Putin: Crimen, castigo e incertidumbre

 

 

Churchill dijo que era imposible predecir la conducta de Rusia: y que la única forma de intentar dilucidarla es conocer cuál es su interés nacional en cada circunstancia. El interés de largo plazo de Putin es revivir el imperio zarista; el de mediano plazo, reemplazar el gobierno ucraniano de tendencia occidental por uno proruso; el de corto plazo, tomar Ucrania por la fuerza con rapidez. Cuando todo termine, el orden mundial ya no será igual.

 

La guerra en Ucrania lleva poco más de una semana, pero la intensidad de los acontecimientos hace que nos parece que fuera mucho más. Los hechos se suceden a pasos agigantados cada día, y a veces, parece que a cada hora, porque todos los organismos y fotos internacionales se han activado simultáneamente.

En el actual estado de cosas, Ucrania, país sin armas nucleares y cuyo ejército palidece frente al poderío de su vecino, se defiende de la invasión rusa con lo que tiene: pertrechos ofrecidos por países de la Unión Europea para sus soldados y también para simples ciudadanos; un efectivo grupo de insomnes diplomáticos y abogados; y redes sociales donde luce el soft power ganado por el liderazgo de su Presidente, devenido estrella de la política mundial. El trabajo de Ucrania sin duda ha logrado ralentizar la conquista rusa; pero no la detendrá.

El drama de los refugiados, así como la destrucción en distintas partes del país, se han acrecentado. Occidente acusa la utilización de bombas de racimo y así como bombas termobáricas, capaces de vaporizar cuerpos humanos y ya utilizadas por Rusia en Siria. Mostrando de lo que es capaz, Putin incluso ha jugado con la posibilidad de un “accidente nuclear” en centrales ucranianas donde el daño sería varias veces más grande que en Chernobyl.

Para la segunda semana de la guerra cabe esperar que el horror solo aumente.

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