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No más convenciones; el Congreso debe hacer su trabajo. Por Sergio Muñoz Riveros

Los partidos de gobierno se han equivocado gravemente en los últimos años, y es casi un milagro que Chile no se encuentre en una crisis mayor a causa de sus desatinos. Y de nuevo se equivocan al creer que la paciencia de los ciudadanos es infinita.

 

 

Sin efectuar ni una mínima reflexión sobre la abrumadora derrota sufrida en el plebiscito, Boric cambió apresuradamente algunos ministros y se afanó en disimular el impacto del Rechazo. Para eso, las ministras debutantes Tohá y Uriarte trataron de conseguir un rápido acuerdo con los partidos opositores para producir el efecto mediático de que todo está en suspenso. El objetivo era, obviamente, diluir el efecto del 4 de septiembre y dar a entender que, si no resultó la convención anterior, no hay problema, pues se organiza otra, y que, si el proyecto de Constitución no le gustó a la mayoría, tampoco es un problema, pues se escribe otro. El país es de arcilla.

No hay señales de que el mandatario haya extraído alguna lección de la peor derrota sufrida por las izquierdas en mucho tiempo, y bajo su conducción. Al revés, dijo que él era un “adelantado” para su tiempo. El PC, en un pleno del comité central, explicó la derrota por la perfidia de los adversarios, y de paso reveló cuán grande fue su entusiasmo ante la posibilidad de que la batalla del plebiscito coronara el camino iniciado en octubre de 2019 para materializar “el gran cambio”, según la vieja pauta revolucionaria de copar el poder.

En realidad, Chile se salvó de caer en una turbia dinámica de desarticulación social e institucional que pudo haber conducido a una confrontación devastadora. Paradójicamente, también se salvó el propio Boric, puesto que, si se hubiera aprobado el proyecto de Constitución, se habría creado un escenario de confusión e inestabilidad demasiado grave para las escuálidas capacidades de su gobierno. La ironía es que Boric le debe todo, o casi todo, al orden institucional que el Frente Amplio y el PC han tratado de demoler.

Convencida de que el gobierno debe perseverar en la línea seguida, la ministra Tohá reafirmó la doctrina Boric/Atria: “No se entendería que, después del camino que hemos hecho, desconozcamos el mandato del primer plebiscito”. ¿Mandato del primer plebiscito? Eso sí que es aventurado, pues tal mandato no existe. No es cierto que Chile esté obligado a vivir de convención en convención por tiempo indefinido. El proceso abierto por la reforma constitucional de diciembre de 2019 concluyó con el Rechazo. Si el gobierno quiere una segunda convención, debe proponer otra reforma constitucional, que precise inequívocamente los detalles.

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