En un mundo cada vez más dinámico y marcado por la transformación tecnológica, la empleabilidad se ha convertido en uno de los principales desafíos para las personas, las empresas y las instituciones de educación superior. Hoy, más que nunca, resulta fundamental formar profesionales y técnicos capaces de adaptarse a entornos cambiantes, responder a las necesidades de los diversos sectores productivos y aportar al desarrollo de sus comunidades.
Hablar de empleabilidad ya no significa únicamente encontrar un trabajo. Hoy implica contar con las herramientas necesarias para mantenerse vigente, aprender de manera continua y enfrentar con éxito los cambios que experimenta el mercado laboral. La automatización, la digitalización y la incorporación de nuevas tecnologías están transformando los perfiles ocupacionales, haciendo indispensable el desarrollo de habilidades técnicas, digitales y humanas.
En este contexto, la vinculación permanente entre la educación y el mundo productivo adquiere especial relevancia. Las empresas requieren personas preparadas para desempeñarse en escenarios reales, mientras que las instituciones formativas tienen el desafío de anticiparse a las tendencias y adaptar sus procesos educativos a las nuevas demandas laborales.
Asimismo, es importante comprender que la formación ya no termina con la obtención de un título. La actualización permanente y el aprendizaje a lo largo de la vida son elementos esenciales para enfrentar los desafíos del futuro. La capacidad de reinventarse, adquirir nuevas competencias y adaptarse a los cambios será cada vez más valorada por los empleadores.
La educación técnico-profesional ha demostrado ser una respuesta concreta a esta necesidad. A través de metodologías basadas en el aprender haciendo, experiencias prácticas, alternancias, pasantías y trabajo colaborativo con las empresas, los estudiantes adquieren conocimientos y desarrollan competencias que fortalecen su empleabilidad desde el inicio de su formación.
Como país, necesitamos seguir fortaleciendo la educación técnico-profesional, reconociéndola como una alternativa de alto valor para el desarrollo económico y social. Formar personas preparadas para aportar al crecimiento de sus territorios y responder a las necesidades de los sectores productivos es una tarea compartida que involucra a instituciones educativas, empresas y organismos públicos.
Por ello, seguir impulsando una formación técnica pertinente, conectada con el entorno y orientada a los desafíos del futuro, es uno de los pilares de desarrollo que debemos seguir impulsando para construir un país más competitivo, inclusivo y con mayores oportunidades para todos.
Marcelo Valdivia Quevedo, Vicerrector de INACAP Sede Curicó




