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Medicamentos no son retail: sin fiscalización robusta, aumenta el riesgo sanitario

Ante los recientes antecedentes sobre la alianza entre Mercado Libre y Cruz
Verde para la comercialización y despacho de medicamentos mediante una
plataforma digital, el Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de
Chile A.G. manifiesta su profunda preocupación por los riesgos sanitarios que
este modelo puede generar, especialmente si no existe una fiscalización
rigurosa, permanente y efectiva.
Los medicamentos no son productos de consumo cualquiera. Son bienes
sociales esenciales para la salud y su dispensación y distribución son actos
sanitarios. Incluso los medicamentos de venta directa o sin receta poseen
indicaciones, dosis máximas, contraindicaciones, interacciones y potenciales
efectos adversos. Que un medicamento no requiera receta no significa que sea
inocuo ni que pueda ser comercializado bajo la misma lógica que cualquier
producto de retail.
La seguridad de un medicamento no depende únicamente del momento en
que se concreta la compra. Comprende toda la cadena: identificación,
almacenamiento, conservación, preparación, trazabilidad, transporte y
entrega. Cada etapa debe cumplir estrictamente los procedimientos y
requisitos sanitarios establecidos. Especial preocupación genera la
denominada “última milla”. Las condiciones en que se almacena y transporta
pueden afectar su calidad, estabilidad y eficacia. El Colegio advierte además
que la facilidad de adquirir medicamentos mediante un clic puede favorecer
la automedicación innecesaria, la compra por volumen y decisiones de uso sin
adecuada orientación profesional.
Herramientas propias del comercio electrónico, como recomendaciones
automáticas, promociones o venta cruzada, no deben aplicarse a los
medicamentos como en otros productos. Vender un medicamento no es
vender cualquier producto por internet. Detrás de una compra
aparentemente simple puede existir una contraindicación, una interacción,
una duplicidad terapéutica o un riesgo que una plataforma comercial no
necesariamente identifica.
Para el Colegio, la autorización de estos modelos no puede ser el punto final
del control sanitario. Por el contrario, mientras mayor sea la escala y alcance
de la plataforma, mayor debe ser la capacidad de fiscalización del Estado. La
autoridad sanitaria debe verificar permanentemente que los establecimientos
participantes cumplan sus obligaciones y que el almacenamiento,
preparación, despacho, transporte y entrega se realicen bajo condiciones que
garanticen la seguridad de los pacientes. No basta con que un modelo sea
legalmente autorizable, tecnológicamente posible o comercialmente
conveniente. Debe ser sanitariamente seguro, trazable y fiscalizable.
El Colegio considera necesario observar también el impacto que las grandes
plataformas digitales pueden generar sobre la estructura del mercado
farmacéutico. Cuando una plataforma de enorme alcance se convierte en
intermediaria entre farmacias y pacientes, adquieren especial relevancia la
visibilidad de productos, publicidad, recomendaciones, condiciones
comerciales, logística y acceso a información. Como han señalado las
asociaciones de farmacias independientes, la digitalización exige reglas
transparentes y condiciones equivalentes para todos los actores, sin generar
ventajas derivadas de la escala o del poder tecnológico de determinados
operadores.
La modernización del acceso a los medicamentos debe mantener exigencias
sanitarias equivalentes cualquiera sea el canal utilizado, junto con
responsabilidad profesional, trazabilidad y fiscalización efectiva. La tecnología
puede cambiar la forma en que un medicamento llega al paciente. Lo que no
puede cambiar es el estándar sanitario que debe protegerlo.
Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquí

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